La escucha atenta captura información proveniente de diversas fuentes. Y una rica fuente de información son las señales no verbales o los llamados marcadores del discurso. Por ello, los abogados que quieran obtener la mayor cantidad de información durante sus audiencias deberán tener una alta capacidad para atender. Es importante poder estar en sintonía con lo que dicen las señales no verbales de un hablante.
Daniel Goleman, autor de Emotional Intelligence, habla sobre las señales no verbales como elemento de atención importante: “Un flujo constante de intercambios no verbales se precipita hacia y desde todas las personas con las que interactuamos, ya sea en un saludo de rutina o en una negociación tensa, transmitiendo mensajes recibidos con tanta fuerza como lo que podamos estar diciendo. Quizás con mayor fuerza».
Esta comunicación en gran medida se produce a través de los movimientos corporales, las características de la voz, la proximidad y el espaciamiento que tenemos con otras personas, el movimiento, las pausas, el mobiliario y los objetos circundantes que pueden contribuir con enriquecer semánticamente la comunicación que se está generando.
Los actores trabajan en gran medida sobre su comunicación no verbal para perfeccionar su puesta en escena. Y este puede convertirse en un claro ejemplo para repensar cómo los abogados también deben aprender técnicas adecuadas para controlar el rostro, las manos y el cuerpo en general frente a una audiencia para lograr producir una comunicación eficaz.
Los abogados como representantes de la Justicia
En el imaginario popular las personas perciben a los abogados como individuos carismáticos, poseedores de cierto enigma, y que están dispuestos a pelear por todo y en cualquier momento. Se piensa que deben saber todo tipo de asuntos, sea donde sea que se les pida una opinión. Ello sin importar que lo consultado no sea de su área de especialidad. Sin embargo, también es cierto que los abogados no gozan de una buena imagen respecto a la opinión que tienen muchas personas. Ya sea porque han padecido una mala experiencia o porque los abogados vienen dando una imagen negativa desde hace algún tiempo atrás.
Sea justo o injusto el concepto que las personas tienen de los abogados en pleno siglo XXI, lo cierto es que depende de nosotros ganarnos la estima y el respeto de las personas haciendo correctamente el trabajo que nos corresponde desempeñar. Y eso será de suprema importancia ya que el concepto que posean los individuos de los abogados será equivalente al concepto de justicia que ellos tengan. Y a mi entender, esto es así simplemente porque somos representantes de este sistema.
Otro dato a tener en cuenta es que ya sea que el litigante se encuentre en una reunión o en un evento, generalmente los concurrentes al enterarse de que alguien es abogado querrán saber más de él. Se acercarán y buscarán una conversación para conocerlo más profundamente. Es importante advertirle a todo el profesional que debe actuar conscientemente cuidando su reputación.
Ya había dicho que nos comunicamos no sólo con nuestras palabras sino también con nuestros gestos. Por ello debemos tener en cuenta que no hablar o estar en silencio no implica necesariamente ausencia de comunicación. Por el contrario, supongo también un agregado de información valioso a una determinada comunicación. De ahí la importancia de ser prudentes y actuar con sentido. Ya sea que estemos en el tribunal, en una audiencia de mediación, por ejemplo o en un encuentro extrajudicial.
Cómo podemos comunicar mejor durante un juicio
Es necesario aprender varios aspectos que vinculan el trabajo del abogado con el lenguaje corporal. El litigante deberá aprender cómo controlar el rostro, las manos y el cuerpo en general para lograr construir una comunicación efectiva a fines de tener éxito en su causa. Como abogado tenemos la obligación de ser y parecer personas profesionales y confiables, en vista de que somos representantes de la justicia, y esto es algo que debe tomarse en serio.
Fue el psicólogo Albert Mehrabian, quien concluyó que cuando comunicamos emociones y sentimientos, más del 90% del mensaje recae sobre la comunicación no verbal. De ahí viene lo que se conoce como la Regla Mehrabian que indica que el lenguaje verbal, es decir aquello que se dice, participa escasamente en la comunicación apenas en un 7%; un 38% corresponde al lenguaje paraverbal (entonación, proyección, tono, énfasis, pausas, ritmo, etc.); y un 55% al lenguaje corporal (compuesto por gestos, posturas, movimientos , respiración, etc.). Cabe reconocer que existen diversos estudiosos que opinan en un sentido distintos al de Mehrabian, pero por fines prácticos no abordaremos esta discusión acá.
Ahora bien, a esta altura podríamos decir que es casi obligatorio para todo abogado ser consciente de esta dimensión del lenguaje. No solo ello, también debe saber utilizar herramientas que le permitan construir una comunicación de manera eficaz. En primer lugar, corresponde que al momento de presentarse lo haga de modo tal que permita generar confianza en su auditorio. Luego debe saber cómo conservarla a lo largo del juicio, hasta reafirmala al finalizar su presentación.
Para que se produzca una buena comunicación no se debe pensar sólo en el mensaje que se transmite. También hay que pensar si el mensaje llegará al destinatario tal cual lo planifiqué. Si el mensaje llegara distorsionado o no se comprendería, podríamos concluir que no se hizo bien el trabajo. O incluso que no se usaron de manera correcta los recursos que nos otorga el lenguaje corporal. Y esto puede deberse entre varias razones a que el litigante realizó un movimiento equivocado, o dijo una palabra inapropiada, o tal vez utilizó un tono demasiado fuerte para la ocasión. Recuerde que utilizar incorrectamente las técnicas que nos ofrece la comunicación verbal y no verbal podría resultar perjudicial y arruinar todo lo que hemos trabajado.
El rol que deben asumir los litigantes en el juicio oral
Al participar en audiencias orales nos exponemos de una manera distinta, diría casi desafiante. Porque el litigante no tendrá tiempo para ir a buscar en sus papeles cómo debe responder una pregunta, qué es lo debe decir sobre la ley o cuál era el nombre del testigo que va a interrogar. Y ello se debe a que la audiencia se desenvuelve velozmente, y esto no le va a permitir al abogado revisar qué es lo que el perito había dicho en instantes previos. Por eso es importante cuidarnos de improvisar durante el juicio.
A la vista de los jueces, de la contraparte, del público en general y de su cliente, el litigante deberá coincidir con los gestos que se utilicen, los cuales deberán ser cuidadosamente seleccionados. Pensemos que es el propio cuerpo quien habla por nosotros, a pesar de que no digamos palabra alguna. Recordemos que “el cuerpo dice lo que muchas veces queremos ocultar”. Por eso valga esta recomendación, recuerde siempre estar atento de cuidar cada detalle. Obsérvese y observe a su alrededor, aprenda a leer el mensaje que el cuerpo transmite.
Volviendo a la audiencia oral, y teniendo en cuenta todo lo que he expuesto, no quedan dudas de que el litigante deberá hacer un excelente uso de su lenguaje corporal. Y esto debe ser así porque todos lo estarán observando, él será el centro de atención. Deberá prepararse emocionalmente para esta provocadora situación. Ya no podremos escucharnos detrás de pilas de papeles. Será el litigante quien finalmente demuestre que ha sido el director de su caso. Y será ahora, expresando el alegato final, el protagonista de la historia al narrar.
